jueves, 17 de noviembre de 2011

LA DEMOCRACIA SECUESTRADA


Aquellos que fueron capaces de predecir el derrotero que estaba tomando el mundo: premios Nobel, analistas de gran prestigio, catedráticos e intelectuales preocupados por el sentido de la mal llamada globalización, se han quedado cortos. Fueron tachados de agoreros y de apocalípticos por muchos que hoy ya no dudan en acuñar la palabra “criminal” cuando se refieren a la economía financiera que lleva a la pobreza o al suicidio a los más débiles, a los más desesperados. 

Paul Krugman, profesor de Economía en Princeton y Premio Nobel de Economía de 2008 se refiere a los protagonistas de la gran crisis económica como “saqueadores con mocasines”. Otro premio Nobel, esta vez de Literatura, el escritor José Saramago, antes de morir nos alertaba de lo que se nos venía encima, que no era otra cosa que el secuestro de la democracia. 

Immanuel Wallerstein, académico e investigador de la Universidad de Yale y una de las mentes más lúcidas de nuestro tiempo iba más allá al predecir que cuando la democracia fuera secuestrada y los derechos sociales arrebatados, cuando la clase política pasara a un segundo plano y en su lugar se colocaran los representantes del poder financiero internacional, los ciudadanos ya estarían desarmados y serían muy pocos aquellos capaces de alzar la voz y si lo hacían esa minoría sería estigmatizada y perseguida. Este alarmante relato, más propio de la ciencia ficción, es parte de la realidad que  hoy tenemos ante nosotros.

Krugman, Saramago y Wallerstein no se equivocaban. Ni tampoco otros muchos que opinaban y opinan de forma parecida, voces a menudo silenciadas en los medios de comunicación que trabajan en la formación del miedo y de la angustia de la población y no cumplen su función de alertar contra los peligros que acechan a las sociedades. 

Grecia e Italia son dos buenos ejemplos de lo que está sucediendo aunque soy consciente de que no son multitud los ciudadanos- ya lo advertía Wallerstein- preocupados por el hecho de que sus representantes sean elegidos en las urnas o impuestos por el Fondo Monetario Internacional o la Unión Europea. 

En el gobierno italiano no hay un solo político, todos sus miembros son tecnócratas elegidos en los despachos de las grandes empresas multinacionales que originaron la crisis. Ya en su día el catedrático de economía, Carlos Berzosa, nos decía que por no haber desarmado al poder financiero que originó la gran hecatombre estos se iban a comer a los Gobiernos y a los Estados. Y que no crea Alemania que está libre de caer en las garras de eso que llaman “mercados”. 

Angela Merkel ha jugado el papel de caballo de Troya para hundir primero a los países mediterráneos y más tarde a su socio francés, pero Alemania está en la lista negra, en último lugar es cierto, pero de esta no se salva nadie. Europa y los Estados Unidos caerán como fruta madura y millones de ciudadanos con ellos, si no se le hace frente a la capacidad depredadora de las instituciones monetarias y europeas que capitanean la aniquilación de los derechos sociales y laborales en medio mundo. Con democracia no puede ser pues se encuentra en un estado tal de debilidad que  no cabe esperar ninguna reacción una vez que nuestros políticos se han puesto en primer tiempo de saludo cuando otros han llamado a las puertas de sus países para violar todos los principios imaginables. Dio lo mismo que se tratara de la derecha o de la socialdemocracia quien hubiera estado en aquellos momentos en el poder, ambos reaccionaron con pavor ante las órdenes de las sociedades de calificación y riesgo. Por eso tenemos ya en Grecia y en Italia a gobiernos que no han pasado por las urnas. 

Cada día se cruza la línea roja, se baten records de riesgo, se oculta la información necesaria a los ciudadanos y se avanza en la dirección que Wallerstein ha señalado recientemente al decir: “Yo veo guerras civiles en múltiples países del norte, sobre todo en Estados Unidos donde la situación es mucho peor que en Europa Occidental, aunque allá también hay posibilidades de guerra porque hay un límite hasta el cual la gente ordinaria acepta la degradación de sus posibilidades”

En España, para después del 20N, dirigentes del Partido Popular ya avisan de que nuestras calles se van a llegar de gente por las severas medidas de ajuste que se preparan, siempre en la misma dirección que ya saben ustedes muy bien cuál es: ninguna de ellas pasa por pedir que arrimen el hombro los que más tienen.

Y así, mientras a través de las televisiones se impregna a la población del miedo que otros crean, se oculta la realidad. Como nos decía el Roto en una de sus viñetas: “lo malo que tiene esta edad de oro de la comunicación y de la información es que no hay manera de saber lo que pasa”.

jueves, 10 de noviembre de 2011

LA PRIMA DE RIESGO



Se ha hecho tan popular en España que pocos se privan de hablar de ella. Los obreros la citan a la hora de comer y es raro el bar en el que si uno pone fino el oído no se escuche todo tipo de bromas e improperios sobre ella. “¿La prima de quien?”, dicen unos. “La prima del Riesgo”, contestan los otros y a continuación se escuchan sonoras carcajadas. Sí, porque no hay día que el Telediario, la radio o la prensa no la cite para causar miedo y pavor entre toda lo población. Nunca una prima había estado tan presente en nuestras vidas. Unas veces para decirnos que se ha encendido la luz roja; otras para asegurarnos que estamos a un tris de salirnos del euro, o finalmente para hablar de fin de la Unión Europea, temas todos ellos que provocan risa e hilaridad, en sus momentos de asueto, entre los obreros que saben que a más tardar mañana se pueden quedar en la calle con una mano delante y la otra atrás. 

Esta misma mañana, el barquero de la Casa de Campo, me manifestó su temor por lo que estaba sucediendo. El, que además de barquero es persona sensata y leída, puso cara de estar muy preocupado. “Esto se está poniendo muy feo”, me dijo y yo paseando mi vista por el tranquilo lago en el amanecer precioso de otoño no supe a que se debía el temor del barquero hasta que me por fin me dijo “Si, hombre, la prima de riesgo” ¡Ah! Suspiré aliviado, pues creía que se trataba de algo realmente serio, al ver la cara grave de aquel hombre. 

Angela Merkel y Sarkosy han llegado hasta el corazón mismo de la clase trabajadora. Los políticos en campaña electoral no dejan de hablar de ella y mi mujer se ha vuelto adicta a las noticias de la televisión como hasta ahora nunca lo había sido. Ella, a quien no le gustan los temas del corazón, ahora se ha volcado con los informativos. Espera impaciente la hora del Telediario para ponerse reverencialmente ante la pantalla imponiéndome silencio absoluto para escuchar como los presentadores-presentadoras con lenguaje apocalíptico le estropean la cena, para a continuación dar paso al corresponsal en Bruselas que no lo pinta mejor y a una larga retahíla de personajes, europeos o españoles, que más da, que  intentan decirnos con una falsa seguridad algo de lo que se van a tener que retractar mañana. Y todo por la dichosa prima de riesgo. 

Por ella caen gobiernos y gobernantes, para ser inmediatamente sustituidos por otros tan dóciles o más que ellos ante lo que muchos llaman "los mercados". Menos mal que nos queda Portugal, decía la canción: ahora ni Portugal, ni Irlanda, ni Grecia, ni España, ni Francia, ni Bélgica, ni tan siquiera la gran Alemania. Nadie está ya libre de ser sacudido por el fantasma del miedo. Y es, precisamente el miedo, quien termina con los países. El miedo de los ciudadanos. Por eso resulta tan saludable el temperamento de nuestros paisanos tomándoselo a chirigota. Incluso creo que hay películas en fase de producción, con el más puro instinto de Berlanga, sobre esto que llaman la crisis y que no es otra cosa que el saqueo. 

“Qué más da lo que se haga” dice la sabiduría popular en la taberna, la misma que hace años respondía así ante la cuestión ingenua de un parroquiano que preguntaba en plena invasión de Irak: "¿Y quién crees que va a ganar la guerra” Entonces, el parroquiano de la nariz roja, se dio la vuelta y le respondió: “Pues quién va a ser, hombre, los de siempre”. Y  "¿quiénes son los de siempre?”, inquirió el parroquiano. “El dinero, hombre, el dinero”. Y siguió tomándose tranquilamente su vino.  

jueves, 22 de septiembre de 2011

LA PLAGA DE LOS "SISEÑORES"

Un “siseñor” es como una langosta: se reproduce a gran velocidad, se protege entre el grupo y destruye todo lo que encuentra a su paso. Por esa razón hay que evitarles. Pero he aquí nuestro problema al comprobar que eso no resulta nada fácil pues el “siseñor” se multiplica a tal velocidad que cuando uno percibe su presencia ya resulta demasiado tarde.

Usted puede estar casado o casada con un “siseñor” y no haberse dado cuenta todavía;  trabajar con un “siseñor”, en ese caso ya lo sufre en sus carnes y poco puedo yo contarle que usted no sepa; incluso aquellos que dirigen su país, poco importa el signo o color, pueden ser auténticos “siseñores”. En ese caso usted también sabe de qué estoy hablando. 

Un “siseñor”, como su propio nombre indica, es un ser humano copiado a imagen y semejanza de aquellas mascotas de adorno que solían llevar los coches en su ventana trasera, en forma de animalitos, generalmente perros o gatos, que ante la menor brusquedad o frenazo bamboleaba su cabeza de arriba abajo. El “siseñor”, aún siendo humano, copia el gesto de estas mascotas y ahí radica su mérito. En decir siempre si aun cuando haya que decir no.

Gran parte de nuestra estructura social, empresarial y política está en manos de “siseñores”, por esa razón nos encontramos en esta orfandad política, ante esta incapacidad de enfrentar los graves problemas que tenemos. 

Los “siseñores” responden a su tamaño: pueden ser pequeños o grandes. Cuanto más “siseñores” son mayores son también las prebendas que reciben, generalmente en forma de bonus, sueldos millonarios o comisiones. Porque el “siseñor” es ante todo un ser nocivo: nocivo para el grupo, nocivo para quienes le rodean y hasta nocivo para sí mismo. Los “siseñores” han desarrollado una gran capacidad de aferrarse a todo lo que pueden, por esa razón resultan tan complicado librarse de la plaga.

Se trata de buena gente, siempre con una sonrisa, que presumen de su propia debilidad, afables con el que tienen encima, inflexibles con el que está debajo, quizás por esta razón siempre están encima. Unos les llaman “ejecutivos nocivos”, otros “killers”, y quienes les mandan se refieren a ellos como “talentos”. Pero hay que tener poco para tener un cuello que tan solo se mueve en sentido vertical, ahora hacia arriba, ahora hacia abajo. Los “siseñores” no opinan, tan solo se limitan a hacer felices a su señor. Por eso están donde están.

Para que los “siseñores” existan ha habido antes que exterminar, laboralmente hablando, a la gente con juicio, experiencia y criterio. Y esto, en gran parte, ya se ha hecho. De ahí la gran carencia de cerebro en casi todo lo que nos rodea, hasta tal punto de no reconocer nuestra sociedad o afirmar, simplemente, que está del revés.

Caminamos no cabeza abajo sino con la cabeza baja, eso es lo que más le gusta al “siseñor”. Nuestras industrias son difícilmente competitivas, los trabajadores todos los días son despedidos y a nuestra clase política le falta capacidad de reflexión, si nos fiamos de los que dice Alfonso Guerra, y le sobra ineptitud, si lo hacemos de las palabras de Juan Luís Cebrían.

Por esa razón vamos cuesta abajo. 

Unos lo llaman falta de competitividad, otros sometimiento al poder económico y todos hablan de la falta de personas que dirijan el país, las empresas, el gobierno, la Unión Europea. Es decir el barco está sin rumbo y el capitán está de copas. Por esa razón los “siseñores” se han hecho con los mandos. 

Es como el chiste del avión estrellado.

Cuando van a rescatar la caja negra para averiguar lo que ha sucedido encuentran a un único superviviente: un mono. Le preguntan si ha visto al capitán, y el mono gestualmente responde que estaba tomando unas copas; le preguntan por la tripulación y el chimpancé hace un gesto apoyando ambas manos sobre un lado de su cabeza diciendo que estaban durmiendo. Horrorizados, los inspectores, le dicen al mono en donde se encontraba él en el momento del accidente para poder saber todas estas cosas y el  mono se aferra a un volante imaginario y comienza a simular que pilota el avión. Eso es lo que nos está ocurriendo, estamos en manos de un mono y nos vamos a estrellar.

Solo cabe llamar urgentemente al capitán y que ocupe su puesto pero la realidad es más trágica que la ficción porque al capitán hace tiempo que lo han arrojado por la borda, así como a los pilotos. Por lo tanto solo nos queda el mono.

Y al mono lo mismo que al “siseñor” no se le puede pedir ni criterio, ni determinación. Estas cualidades son la criptonita del “siseñor”, lo que les vuelve débiles e ,incluso, puede llegar a exterminarles. 

Dejemos, pues , que el “siseñor” eche a sus compañeros a la calle, que destruya la educación, la sanidad (naturalmente también hay “siseñoras”), que venda Repsol a precio de ganga al mejor postor, que privatice lo que quiera, y quiere mucho; o que supervise los textos de los periodistas de RTVE  

“Siseñores” del PP, del PSOE, de CIU, de ERC, de CC.OO este texto ha sido escrito sin su supervisión. Si por casualidad encuentran en una de esas al mono que dirige todos sus movimientos, ya saben, flexionen bien el cuello: de arriba abajo.

martes, 20 de septiembre de 2011

EL SHOW DE LOS MERCADOS

Mientras nos tienen entretenidos con el “show de los mercados”,  con la inestimable ayuda en la puesta en escena  de los grandes medios de comunicación, el lobby internacional más destructor del mundo sigue creando pánico entre las clases medias europeas y condena a la clase trabajadora a la pérdida de todos los derechos conseguidos tras dos guerras mundiales, un precio que los trabajadores tuvieron que pagar muy alto, con decenas de millones de muertos. 

La destrucción de puestos de trabajo en todos los sectores ha creado tal pánico entre la población que está condicionando la propia recuperación económica. El capital no se basta para consumir sus propios productos y los consumidores o se han retraido por miedo a lo que pueda pasar en un futuro cercano, dejando de gastar, o simplemente no tienen ni un duro para hacerlo. Y no es solamente el paro uno de los problemas que frenan la salida de la crisis sino algo mucho más desesperanzador: la constatación de que entre los trabajadores está creciendo cada vez más el llamado “trabajador pobre”, es decir aquel que tiene un trabajo pero que no gana lo suficiente para llegar a mantenerse hasta fin de mes. Trabajadores precarios que aumentan cada día más como resultado de los pactos a los que llegan sindicatos, empresarios y gobierno en materia sociolaboral.

Frente a esta destrucción masiva de trabajo o al trabajo precario vemos a diario como se multiplican los expedientes de regulación de empleo en empresas que declaran enormes beneficios, tal es el caso de PRISA o de TELEFONICA (MOVISTAR). En el primero de los casos, Prisa presentaba un balance económico positivo de algo más de 11 millones de euros y en el segundo, Telefónica, 6.755 millones de euros. En ninguno el Gobierno ha impedido la puesta en marcha de estos expedientes de regulación, permitiendo que al tiempo que Prisa va a desprenderse de 2.500 persona y Telefónica de 6.500 trabajadores, sus directivos duplican o triplican sus sueldos y sus bonus quizás por el triste mérito de externalizar sus servicios y deslocalizarlos a áreas del mundo en donde se pagan sueldos de miseria.

Alierta, es el ejecutivo de su sector mejor pagado, con 8,6 millones de euros más un fondo de pensiones de infarto, mientras sus consejeros y directivos se embolsan más de 42 millones de euros anuales. Lo mismo que el grupo Prisa que reparte entre sus 16 consejeros más de 10 millones de euros.

Este ejemplo está siendo seguido por numerosas empresas españolas que han visto en la crisis su gran oportunidad para deslocalizar empleo, expulsar trabajadores, reducir salarios y poner a sus pies al poder sindical, incapaz de una contestación efectiva o sencillamente anclados en ese papel de la declaración televisiva o la manifestación callejero festiva, excluyendo las acciones que ahora han quedado en manos de los jóvenes del  15 M.

martes, 6 de septiembre de 2011

¡DIOS MIO, NOS HEMOS EQUIVOCADO!


Un error de bulto pudo haber llevado a analistas y expertos de la economía mundial a cometer el mayor error de sus vidas. Atemorizados por el gran impacto de la crisis financiera mundial determinados políticos y sus asesores económicos se lanzaron inmediatamente a auxiliar a las entidades en bancarrota para así evitar que en su caída pudieran arrastrar al sistema económico mundial, globalizado e interdependiente entre sí. Algo así como si ante una gran epidemia los gobiernos se fijaran antes en el los laboratorios farmacéuticos que en los enfermos y en lugar de acudir de inmediato en ayuda de los ciudadanos se apresurara a inyectar su capital en las multinacionales que han creado el virus mortal. 

Esta alarma mundial ante la crisis financiera ha tenido dos efectos: por un lado debilitar enormemente las reservas de los Estados y por la otra supeditar sus decisiones políticas al terreno económico. Un regalo impagable para el capital financiero mundial que enseguida se ha hecho con las riendas de todo y es quien de verdad está administrando la crisis sometiendo a países completos y destruyendo millones de puestos de trabajo en toda Europa. 

Los responsables primeros de todo esto han sido los políticos que se han dejado abducir por los gurús del mundo financiero y por sus empresas de calificación de riesgo: políticos lobotomizados e ignorantes, desconcertados ante la debacle económica de una docena de entidades bursátiles con centro del Wall Street. 

Hoy vemos como el presidente Obama  arremete contra estas entidades acusándolas de engaño y el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, no duda en afirmar que todo ha sido una gran equivocación de los gobiernos pues lo que realmente, a su juicio, había que haber hecho era salir de inmediato en ayuda de los parados y no dejarse impresionar por la deuda externa de los países en problemas. 

A buenas horas mangas verdes. 

Ahora ya nos encontramos en caída libre en un pozo sin fondo. 

Los ciudadanos asistimos con estupor y miedo al desconcierto de los políticos, a su incapacidad para salir de esta crisis, a su propio pavor cuando los llamados mercados hacen temblar las bolsas de todo el mundo o las agencias de calificación poner a los países al borde del rescate. 

A estas alturas hasta el más tonto sospecha que todos los sacrificios impuestos a la población más débil económicamente hablando no han servido para arreglar nada y menos para satisfacer los deseos insaciables de la economía financiera empeñada en someter a la economía real a sus dictados y convertir a los trabajadores en meros peones de un juego que desconocemos hasta donde y cuando ha de terminar. 

Ahora el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional nos anuncian otra crisis de enormes dimensiones. No nos dicen cual es la causa. Tan solo hablan de la deuda soberana como si esta fuera la causa de todos los males y no al revés. Tal y como dice Joaquín Estefanía en el diario “el País”: “La crisis es la que ha causado el déficit y la deuda pública, no han sido el déficit y la deuda pública quienes han traído la gran recesión”

Resulta penoso y lamentable observar la escasa preparación de nuestros políticos que se entretienen en discutir la limitación del gasto en las comunidades autónomas (a partir del año 2.020) aduciendo que se trata de un golpe de estado contra la sociedad el bienestar y contra el gasto social obviando en su debate el nudo gordiano de todo que no es otro que la forma en cómo se reparte el presupuesto. Felipe González dice que lo que realmente define el gasto social no es el límite en los presupuestos sino “la prioridad que se le dé a una cosas y otras”.   

“¿Mira que si se llegan a haber equivocado?”, murmuran políticos, periodistas y economistas en las comidas-tertulia de estos días. Y mientras tanto, atónitos, aguardamos el siguiente golpe que nos va a asestar el enemigo invisible, al que unos llaman mercado y otros poder financiero mundial, como quien aguarda una catástrofe natural inevitable.

miércoles, 31 de agosto de 2011

!MILLONARIOS DEL MUNDO,UNIOS!


¡Si Carlos Marx levantara la cabeza, seguro que volvería aterrado a su tumba! Ni imaginar pudiera que desde dentro del gran capital surgieran voces criticando a los políticos europeos por no gravar sus fortunas con mayores impuestos. 

Este movimiento ha comenzado en Francia y continúa en Alemania, curiosamente los dos países de la Unión Europea que comandan los fuertes ajustes contra la ciudadanía trabajadora europea dejando que las grandes fortunas se vayan de rositas con un gravamen ridículo. A esto han contribuido no solamente los gobiernos conservadores sino también los llamados socialistas o socialdemócratas, que en esto del vasallaje no hay ideología que valga. 

Sí, porque más o menos, esto es lo que han dicho los millonarios europeos: que quieren mantener una “riqueza sostenible”- sabido es que la pobreza resulta insostenible- y también han advertido que los políticos no están a la altura de las circunstancias pues aseguran que con que tan solo les hubieran gravado sus fortunas un par de puntos la crisis no tendría razón de ser ni tampoco la tragedia económica en la que determinados gobiernos han sumido a gran parte de la ciudadanía de sus países por el hecho de no querer o no poder pedirles a quienes tienen el dinero que arrimaran un poco el hombro para sacar el país adelante. 

Mira que cebarse en los jubilados cuando los millonarios europeos podrían haber afrontado la crisis prácticamente en solitario y sin despeinarse.

Lo más llamativo de todo esto es el silencio de la clase política. 

La ciudadanía se merece una respuesta. Que los presidentes de los gobiernos europeos den la cara y nos expliquen a través de la televisión porque han obrado así, porque siguen obrando así, de espaldas a la ciudanía. Por lo que se ve también de espaldas a una parte de las grandes fortunas y en muchos casos, incluso a los partidos políticos a los que pertenecen, dejando las promesas electorales y sus ideologías en al armario para salir travestidos, alegres y sonrientes. 

Si tuviéramos los medios de comunicación que nos merecemos, es decir los que una democracia nos garantizaría, este sería el debate central y no el vasallaje vergonzoso que tenemos que contemplar cada día con el poder político, los partidos, el poder económico o cualquiera que se sienta capaz de controlar a los medios - que por lo que se ve hoy en día es cualquiera - sobre todo si tenemos en cuenta que aquellos que los dirigen son en su mayoría personas muy habituadas al sometimiento y no a la defensa de la información, ese derecho que nos garantiza a todos los españoles la Constitución y que brilla por su ausencia.

Con un poder político que parece haber olvidado a quien representa y  unos medios de comunicación que no cumplen su función, el poder financiero campa a sus anchas. Menos mal que han salido a la palestra casi doscientos millonarios franceses y alemanes para denunciar lo que está sucediendo, para vergüenza de todos. 

Por cierto, en España ni una sola voz. Ni de los políticos para dar una explicación, ni de los millonarios para solidarizarse con sus compañeros franceses o alemanes. Ellos a lo suyo, a multiplicar sus ganancias, que incluso en épocas de crisis son muy elevadas. Sino consulten los sueldos de los directivos de los bancos o de las grandes empresas. Resultan insultantes, irresponsables, insolidarios. Y más si tenemos en cuenta el reciente informe hecho público por los inspectores de Hacienda (GESTHA). Según este informe, resulta que quienes más han declarado han sido los trabajadores y los pensionistas: empresarios, directivos y profesionales liberales , con sus dineros supuestamente protegidos por sociedades y han declarado al fisco como si se trataran de mileuristas. 

Un fraude fiscal masivo.

Esta noticia apenas ha visto la luz.  Se conoce que los medios de comunicación no la han considerado importante, por eso se la cuento a ustedes.