sábado, 12 de marzo de 2011

¡Al ladrón!




Si alguien grita a su lado, ¡al ladrón, al ladrón!, desconfíe: acaban de robarle la cartera. De igual forma, cuando se alzan las voces de los “amos de la comunicación” anunciando la muerte del periodismo, en realidad lo que se intenta es ocultar un crimen: el que ellos mismos cometieron hiriendo de muerte al oficio del informador.

Los  mandamases de la manipulación y del engaño, quienes cercenaron las mejores cabezas pensantes del periodismo español satisfaciendo las peticiones del poder económico y del poder político en cada momento, esos advenedizos que a golpe de talonario irrumpieron en las redacciones convirtiendo la información en  moneda de cambio, los que suplantaron y pervirtieron todas las palabras, llamando investigación a la bazofia, y colocando a menudo al frente de los medios a dóciles y mediocres personajes cuyos meritos consistieron en cortar cabezas y reducir cerebros, en vaciar de contenido los medios y convertirlos en un bazar , utilizando el papel como simple envoltorio de sus  cuberterías, edredones y vajillas son quienes hoy dan la voz de alarma anunciando la muerte del periodismo. Nos han robado la cartera y además nos toman por  tontos. Lo que agoniza son sus pingues negocios, su forma de entender la información.

No, no teman, el periodismo goza de buena salud, y se expresa a través de ventanas diferentes a las que afortunadamente no llega el poder económico ni el poder político  y lo hace con gran salud y fortaleza. Y sobre todo en libertad.

No es cierto que la gente se aleje de la información, todo lo contrario, existe cada vez un deseo mayor de conocimiento que va mas allá de los estrechos parámetros que nos marcan los agonizantes medios. Es posible que la muerte de una forma determinada de entender la información esté cerca, y que los modelos de negocio tengan que buscar otros caminos.
Es posible que las redacciones continúen secuestradas, adormecidas o incluso complacidas con su propia autocensura. Es posible que nos encontremos ante una “generación perdida” de periodistas, pero mientras exista uno solo que se pregunte el porqué de las cosas y que intente darle respuesta comunicándose con la sociedad, mientras exista esa única persona, y les puedo asegurar que hay centenares de buenos profesionales, el periodismo seguirá vivo. 

Miles de cadáveres pueblan hoy las redacciones, jóvenes que en precario han de recorrer el espacio que separa su mesa de la de su editor, preguntándose cada día si lo que han escrito será del agrado de su jefe o si por el contrario mañana estarán en la calle implorando un puesto de trabajo. En unos medios que impiden ser investigados y sobre los que se ha instalado un telón de acero que impide a los ciudadanos conocer sus ocultos intereses.

Frente a aquellos que han de escribir al dictado para sobrevivir nacen a diario, al amparo de internet blogs que posibilitan la libertad de información y de expresión, una vía que animo a recorrer a todos aquellos que creen en la información como un derecho ciudadano, que se sienten periodistas de verdad más allá de las limitaciones que toda gran empresa periodística impone sobre sus contenidos.

Aquí nos encontraremos muchos, en esta nueva escuela en la que permanecen vivas las normas del buen periodismo que no son otras que la necesidad de informar con veracidad y con rigor de todo aquello que ocurre a nuestro alrededor; de lo realmente importante, de aquello que a diario se nos oculta y que afecta a nuestro mundo y a nuestras vidas y que pretende ser relegado por las noticias partidistas o los intereses económicos y políticos de una sociedad que necesita el poder acceder a otro tipo de información que también es posible.  


LOS VIEJOS TAMBIEN PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO

 Dos ancianos, uno en Boston y el otro desde París, mantienen viva la llama de la rebeldía a través de sus escritos para cambiar el estado de las cosas en el mundo. Ambos han sido consultados a través de internet desde los blogs de El Cairo, Túnez, Argel, Marruecos, Omán y otras naciones del mundo. Tienen algo en común: son viejos luchadores por los derechos y por las libertades y propugnan la lucha pacífica contra la dictadura de los sátrapas apoyados por los gobiernos ricos de Occidente y contra la economía financiera que destruye los puestos de trabajos reales en todo el mundo condenando a los más jóvenes a una especie de esclavitud, arrancándoles su futuro, y convirtiéndolos en trabajadores precarios, en mano de obra barata, teniendo muchos de ellos que abandonar sus países para caer en las garras de las grandes empresas que dominan todo el planeta..  Estos dos ancianos, uno de ellos de 83 años de edad, Gene Sharp, que dedica su tiempo a escribir a través de la red y a cultivar orquídeas en un reducido terreno de su chale adosado de Boston, y Stephane Hessel, desde su apartamento de Paris, a sus 93 años, siguen llamando a la "insurrección pacífica" contra el consumismo voraz y en contra de los mensajes enviados a diario por los medios de comunicación, en gran parte secuestrados por el capital financiero o en manos de políticos corruptos o de dictadores despiadados.  Los dos ancianos llaman a la rebelión en todo el mundo y son muchos los jóvenes que les leen o les consultan antes de lanzarse a las calles como un enjambre unido por la red a través de citas y de convocatorias para enfrentarse a los ejércitos y policías bien armados en manos de quienes hasta ahora venían detentando el poder e intentar derribar esos regímenes totalitarios sin más armas que su presencia, su insistencia y el riesgo de quienes ya no tienen nada que perder.  Varios de estos jóvenes se quemaron en las calles para protestar contra el estado actual de las cosas; otros no atendieron a las llamadas de las policías para retirarse a sus casas y murieron allí donde se encontraban. No iban armados, cayeron pero fueron inmediatamente reemplazados por hombres, mujeres y jóvenes que en su vida habían salido a las calles a protestar por nada. Se trata de ciudadanos hartos y desprejuiciados unidos como nunca hasta ahora lo habían estado. Una marea humana recorre el norte de África mientras en las sedes de Bruselas los dirigentes europeos hacen muestra de la más absoluta inoperancia, cuando no comprensión, de las clases dirigentes de uno u otro signo, con el poder constituido y corrupto que estos jóvenes airados quieren derrocar.  Ya nos lo había anunciado hace un año Federico Mayor Zaragoza, una de las voces contra esta forma brutal de entender la globalización: está comenzando el siglo de la gente.  Las ideas comienzan de nuevo a recorrer el mundo y creo que todos los hombres y mujeres de bien deben de felicitarse por ello. No las ideas de los  ismos que dominaron el siglo pasado sino aquellas que reclaman vivir en paz, con trabajo, con derechos sociales y con dignidad.  Algo comienza a moverse en todo el mundo. Hoy comienza en los países más oprimidos, en aquellos que notan más y durante más tiempo la falta de libertad y de trabajo pero a buen seguro que pronto, quizás antes de lo que los dirigentes occidentales piensan, se extenderá por los países más desarrollados en donde la democracia se ha convertido en papel mojado , pisoteado por aquellos que realmente detentan el poder real, que no son otras que las fuerzas económicas y mediáticas, mientras colocan a dóciles políticos de turno, de derechas o izquierdas, dispuestos a convertirse en testaferros del sistema y a consolidar los cimientos de ese mundo que muchos queremos cambiar.  Cuando los jóvenes europeos y sin futuro, hoy protegidos por la seguridad que les dan sus familias , en su mayoría trabajadores retirados con buenos subsidios, pertenecientes a la vieja sociedad del bienestar en Europa que tanto costó conseguir después de dos grandes guerras mundiales, cuando estos jóvenes con mejor preparación que sus mayores se harten y se indignen y salgan pacíficamente a las calles y no se retiren de ellas hasta que las cosas cambien, cuando estos jóvenes que hoy se conectan por internet formen su propio enjambre nadie podrá detenerlos. Mientras tanto se pasan a gran velocidad por la red el último texto de Hessel "! Indignaos!" o los escritos de Sharp, dos ancianos que nos demuestran como no hay edad cuando uno quiere cambiar el mundo.   Publicado por Carlos Garra en 00:24